Sitio desarrollado por la Unidad de Extensión y Difusión de la Facultad de Arquitectura, Urbanismo y Paisaje.
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LA TERCERA / Revista Mujer
Lunes de 27 Abril de 2009  

María Inés Díaz

"Quiero dedicar mi vida a hacer ecobarrios"

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Esta ecóloga y paisajista, que jura que jamás se comprará un auto y declara que en la ciudad no es feliz, es la creadora del primer barrio ecológico de Chile, un lugar donde se intenta, mediante intervenciones verdes, que el impacto negativo de los habitantes en el medioambiente sea mínimo. ¿Cómo lo hizo? Conociendo su historia, realmente a puro pulso.

"Este es un madroño y este un peumo. Y esas plantitas pequeñas que están allí son gramíneas. Es toda flora de la zona central", explica, con su particular encanto de amante de la naturaleza, María Inés Díaz (28 años), mientras recorre el vergel en que se ha convertido el peladero que antes era la Villa Cuatro Álamos de Maipú. Todo gracias a una iniciativa suya que germinó, como las plantas que ahora acompañan a los vecinos, en el momento en que hacía su tesis para titularse de ecóloga y paisajista y se le ocurrió convertir ese lugar en un ecobarrio. Desde entonces ya han pasado tres años. Y la diferencia es más que plausible. Puede medirse, por ejemplo, en la cantidad de pájaros que vienen a visitar a los vecinos, atraídos por las flores que dan esas plantas. O en el estado de ánimo más alegre de la gente que hoy disfruta del cambio alcanzado desde que ese lugar se estrenó, con ganas, como un sitio "ecológico".

Ya de pequeña, cuando estaba en los scouts y estudiaba en el colegio San Juan Evangelista, María Inés reflexionaba: "Qué lejos estamos de la vida natural en las ciudades. ¿Por qué les damos la espalda a los bosques y a los ríos? ¿Qué podemos hacer para integrarlos a la vida urbana? Fueron interrogantes que no la abandonaron jamás y que se le hicieron aún más punzantes una vez que entró a la universidad a estudiar arquitectura, hace unos siete años. A tal punto que decidió dejar la carrera muy pronto para buscar un oficio más afín con sus inquietudes. "Me di cuenta de que lo que había que cambiar era la ciudad para proteger el resto. Y quería hacer algún aporte", comenta.

Pronto entró a la carrera de paisajismo y ecología en la Universidad Central y más tarde quiso destinar su tesis a investigar sobre los ecobarrios como modelo de desarrollo urbano sustentable. Había estudiado sobre el diseño de ecoaldeas, sistemas humanos sostenibles en armonía con la naturaleza, pero construidos en el campo. El tema la fascinó. "Me pregunté de qué manera podía integrar eso a la ciudad. Y pensé en ecobarrios. Encontré varios proyectos muy interesantes en el mundo, principalmente en Alemania, España, Austria, en Estados Unidos y en Colombia. Decidí inspirarme en los casos de América, que eran más cercanos".

-¿El cómo cambiar la ciudad fue tu preocupación desde entonces?
-Claro, porque aquí se sufren todos los problemas ambientales a la vez. Y la gente en la ciudad necesita mejorar la calidad de vida y no podemos abolir las ciudades; son necesarias, pero no de la forma en que están concebidas. Hay que hacer cambios.

La fuerza de un ceibo...

 


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Fue en 2006 cuando, al concluir su tesis, le pidieron que encontrara un barrio en Chile donde técnicamente fuera posible implementar un proyecto ecológico de este tipo. Informándose para hallarlo, se topó con una peculiar organización comunitaria creada en la Villa Cuatro Álamos de Maipú, llamada El Ceibo. No era cualquier grupo de vecinos. Se había gestado en 2005, luego de un brutal enfrentamiento con el alcalde de la comuna para evitar la tala de una arboleda de especies nativas ordenada por las autoridades para construir allí un colegio. Una batalla perdida, pese a que estos vecinos se ataron a los árboles como último recurso para impedir su derribo, logrando salvar apenas uno solo de ellos. Fue un vetusto ceibo el que quedó en pie, cuyo nombre escogieron para bautizarse como organización, en señal emblemática de lo que iba a ser su cometido hacia adelante: cuidar la naturaleza. La poca que allí quedó, claro está, luego de esa debacle.

El lugar de ese pequeño bosque natural está hoy cubierto por el cemento del nuevo colegio y el implacable sol golpea a los alumnos durante el recreo, sin la posibilidad de cobijarse bajo la sombra de más árbol que ese único ceibo que los acompaña y que hoy está convertido prácticamente en un santuario natural.

Fue este emplazamiento, con estos vecinos que tenían tamaña historia de compromiso ambiental, el señalado por María Inés en su tesis como idóneo para instalar hipotéticamente un ecobarrio. Su trabajo universitario concluía ahí, con la simple indicación de que ese podía ser un buen sitio para realizar su proyecto. Pero conocer esa realidad a ella no le bastó. Y sintiendo que tenía que hacer algo más, a pulso, luego de su horario de estudios, comenzó a aliarse con los vecinos para hacer de lo planteado en su tesis algo concreto.

"Estaba tan emocionada y apasionada con mi proyecto que no me hacía sentido que quedara archivado en la universidad. Tengo un sueño, me dije, y tengo que concretarlo. Pensé que con la gente de El Ceibo se daban todas las condiciones para hacerlo. Así fue como nació este ecobarrio. Me enamoré además de esta villa, porque fue proyectada por la Cormu, la Corporación de Mejoramiento Urbano que hubo en los años 70 en Chile y que tenía una concepción de construir barrios de una manera muy visionaria: estaban pensados para resolver todas las necesidades. Tenían lavandería, restaurante, iglesia, cancha de fútbol. Claro que no se alcanzó a concluir el proyecto, porque vino la dictadura y el barrio quedó lleno de peladeros".

-¿Te fuiste involucrando cada vez más en la materialización de un proyecto que nadie te había pedido llevar a la práctica?
-Claro, y me fui embalando cada vez más con la gente. Me metí con fuerza a venderles el proyecto y ellos se involucraron. Y en un momento me dije "ya no me puedo desligar de esto". Paralelamente, seguí en la universidad, pero al mismo tiempo estaba mucho tiempo en Maipú.

María Inés cuenta que cuando llegó por primera vez a esa villa de 3.800 vecinos en 2006, se le apretó el corazón: era un terreno yermo, con sitios baldíos llenos de basurales. Pensó que en ese lugar nadie podía estar sano.

Hoy es otro el rostro del barrio. Junto a un centro de tecnologías alternativas que los vecinos de El Ceibo habían empezado a construir antes, ella planificó y organizó la creación de una huerta comunitaria (allí se siembra y cosecha desde zapallos hasta albahaca), paseos con plantas medicinales, una plaza con árboles nativos y otra con árboles frutales. En planificación está ahora, cuenta sonriente y orgullosa, crear rosedales en los pasajes de la villa (ya está la tierra abonada para comenzar uno). Pronto instalarán más espacios verdes, porque proyectos hay muchos y ahora son los vecinos los que siguen impulsando más ideas: se discute hacer de algunos sectores vías sólo peatonales y están levantando una biblioteca ambiental.

El lugar se transformó en un oasis en medio del riguroso paisaje de cemento que caracteriza a Maipú. Y en esos espacios se hace, además, educación ambiental. Todos tienen la posibilidad de aprender a cultivar y reproducir plantas, a reciclar envases, a hacer compost (tierra orgánica). Organizaciones de todas partes visitan el barrio como ejemplo para ser replicado. Los lugareños sienten que es su chiche y, en letreros gigantes emplazados en diversos puntos, difunden: "Villa Cuatro Álamos, primer barrio ecológico de Chile, hecho por María Inés Díaz y el impulso de los vecinos". Ella mira los carteles y sonríe, relevando siempre que todo lo ha hecho "gracias a la fuerza de la comunidad".

-¿En qué consiste un ecobarrio?
-Es un barrio urbano, en el cual las personas se organizan con la intención de mejorar su calidad de vida, integrando bienestar humano y medioambiente. El ecobarrio lo veo como una mirada atenta al entorno, el cuidado agradecido de la tierra, el agua, la luz y el aire. Son barrios concebidos para minimizar su impacto (el que las personas generan) en el medioambiente. Tienen como objetivo primordial el interactuar para lograr cuestiones como el manejo de los residuos domiciliarios, el ahorro y eficiencia en los recursos básicos (agua, energía, etc.), el desarrollo de una agricultura urbana e incluso para fomentar una mejor relación entre vecinos y la educación ambiental.

-¿Cuánta necesidad crees que tenemos de que se multipliquen los ecobarrios en Chile?
-Pienso que hay una enorme necesidad de mejorar la calidad de vida de las personas que vivimos en ciudades, sobre todo de aquellos que estamos en Santiago, debido a las maneras inadecuadas de producir, consumir, habitar y desplazarse que tenemos aquí. Pero, desgraciadamente, creo que hoy la solución de estos problemas no está en la gente, sino en políticas gubernamentales que no se pronuncian concretamente frente a esto. Por eso estamos hasta el tope de basura. Y se sigue transgrediendo el límite urbano de la ciudad, arrasando cada vez más con las áreas naturales circundantes y se construyen más y más carreteras dentro de la ciudad o se destruye la identidad de barrios completos por la descontrolada construcción de edificios.

Hasta el natre sirve...

Esta plaza antes era un basural, un sitio eriazo donde se estacionaban autos en mal estado. Hoy es un "arboretum", museo al aire libre de flora nativa de la zona central, lugar primordial del ecobarrio.
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Mane, como llaman a esta ecóloga y paisajista los conocidos y amigos, va acariciando las hojas de algunos árboles. Comenta que a varios les ha entrado una peste y hay que darles medicinas. Explica que va a armar una brigada de niños para limpiar las hojitas diminutas de los naranjos, para que la fotosíntesis actúe en todo su esplendor. Y mientras Mane sigue incursionando en una de las plazas, revisando el estado de las plantas, el presidente de la junta de vecinos, Ricardo Acuña, quien la acompaña, comenta: "Yo a ella  la defiendo con todo lo que tengo, porque ha hecho mucho por nosotros. Hay un cambio grande acá, en menos de cinco años. Esto antes era un basural, un lugar donde se instalaban a arreglar los autos, y mire lo que es hoy: una plaza llena de árboles chilenos. Gracias a María Inés tenemos esto".

Es que no ha sido tarea fácil. Mantener ese prodigioso verde es una proeza. Eso se ve. "Es un milagro ver estos árboles parados aquí", dice ella y tiene razón. Invita a visitar el "arboretum", un  museo natural al aire libre que creó para enseñar a la gente del lugar la flora nativa de la zona central del país. Y en tanto enseña los naranjillos, las gramíneas, los algarrobos, las ñipas, el natre, los quillayes y espinos que, entre otras especies nativas, pueblan esa plaza, también se va encontrando con los desmanes hechos por los más jóvenes del barrio durante el carrete del fin de semana. "¡Pero qué pasó aquí!", exclama ante la ausencia de varios de los carteles mediante los que se educa a los visitantes, enseñándoles el nombre de cada planta, que fueron arrancados del lugar. "Pucha, qué pena, vamos a tener que poner los cartelitos otra vez. Esto lo hacemos una y otra vez, así intentamos que algún día aprendan", reacciona.

Cuenta que la juventud de ese lugar es la más difícil de ganar para su proyecto. "Hemos tenido que hacer un trabajo especial parta encantarlos y comprometerlos, mediante una escuela deportiva. Pero cuesta, es para largo". Tampoco algunos adultos colaboran: ese fin de semana, por ejemplo, se ensañaron con un natre, dejando poco de éste en pie, pues la planta sirve para componer el cuerpo después de una parranda con alcohol. Y se ve que los necesitados se tomaron estas cualidades de esa hierba muy en serio.

-¿Qué importancia tiene que la gente crea en que puede haber cambios y actúe?
-Creo que eso es fundamental. Nosotros nos dimos cuenta de que un ecobarrio no puede existir sin el apoyo de los vecinos. Entusiasmar a la comunidad ha sido toda una tarea. Me he encontrado con mucha adversidad en todo este tiempo. Porque aunque haya gente que es muy activa y optimista, por los problemas sociales y del entorno, hay grupos que tiran abajo permanentemente todo el proyecto: son pesimistas, piensan que nada va a funcionar, que nadie va a ayudar, que nada se va a lograr.

-¿Quisieras que hubiera réplica de este proyecto?
-Siendo realista, creo que es más fácil hacer este proyecto en barrios de escasos recursos, porque hay un sentido de comunidad más grande que en barrios con mejores ingresos. Es gente que está acostumbrada a socializar para ayudarse, ya ha habido una experiencia de solidaridad entre ellos. Es algo que se ha perdido en otros sectores, donde  hay mucha incomunicación.

-Pero el caso de Vitacura, donde mediante un plebiscito los vecinos rechazaron que se construyeran edificios, demuestra que todos los sectores sociales pueden actuar por la calidad de vida de la ciudad y por su barrio.
-Eso me parece algo extremadamente positivo en defensa de los barrios. Me impactó el nivel de organización y ponerse de acuerdo que se produjo allí. Ahí me dije: igual existe la posibilidad de trabajar por cambios en estos barrios. Hay situaciones, hitos, que permiten que se desarrolle un cambio, como fue para los vecinos de Maipú la tala de sus árboles nativos. Esto del asedio de las inmobiliarias puede ser un factor clave para que la gente se organice para cambiar la identidad de su barrio.

-¿Que quisieras que sucediera con tu proyecto?
-Me gustaría que el gobierno destinara recursos específicos a proyectos de ecobarrios. Que partiera por Santiago, porque es la urbe que tiene mayores conflictos ambientales en su interior. Los recursos son fundamentales para que esto se replique, no basta con el amor a la naturaleza. Deseo que los ecobarrios se institucionalicen, que todos los municipios pudieran tener un departamento de ecobarrios integrado por un equipo multidisciplinario; donde trabajen arquitectos, ecólogos, geógrafos, ingenieros y expertos en tema ambiental.

-¿Qué planes tienes ahora?
-Me he desvinculado de Maipú, pues siento que le dejé todo lo que podía aportar a la comunidad y con esas herramientas ellos pueden continuar solos perfectamente; aunque ellos saben que cuentan conmigo hacia adelante, que estaré a su lado cuando lo necesiten.

-¿Y qué vas a hacer con todo el entrenamiento que has logrado con esta experiencia tan intensa?
-Ver la posibilidad de trabajar estos proyectos en otro lado. Ojalá en un lugar cercano a mi lugar de vivienda (vive en la comuna de Providencia), porque quiero estar conectada con esto más íntimamente. Me interesa la comuna de Ñuñoa, por ejemplo. Pero tengo que investigar si existen las condiciones. Hay barrios que por sus características físicas pueden facilitar la instalación de ecobarrios, como las villas Frei y Olímpica. Necesito seguir poniendo en práctica todo lo que he aprendido. Trabajar en Maipú ha sido una escuela de vida muy enriquecedora. Ha sido lindo enseñar a la gente que un proyecto así es necesario. Y que resulta, que se puede hacer. Siento que quiero dedicar toda mi vida a hacer ecobarrios.