Llegaron 136 abstracts de 16 países, incluyendo a India, EEUU y Portugal, y los cinco ganadores consiguieron pasajes a Nueva York en febrero para el congreso donde presentarán sus trabajos. Según cuenta Gross, "la mayoría son una crítica muy fuerte a los centenarios y el peligro de que esto se repita, es decir, que fueron fiestas de la oligarquía y en algunos casos dictaduras que aprovecharon esos momentos para legitimar sus periodos".
-¿Alguno que le haya llamado la atención?
-Uno de Punta Arenas, que es la voz de la región y que dice "de qué bicentenario me están hablando si en 1810 no existíamos y en 1910 no nos tomaron en cuenta". Doscientos años de vida independiente tampoco es tal, porque la independencia se produce en 1818 y en Argentina en 1916.
-Dos siglos es una etapa de formación, las contradicciones quedan a la vista.
-No te olvides de que Italia y Alemania son más jóvenes en su constitución como países, pero por otro lado tienen muy clara su identidad. Nosotros no, todavía no terminamos de ser y eso nos pone más inquietos.
-Volviendo a las celebraciones, no se percibe una participación amplia de la sociedad.
-Me preocupa que se abran más canales y reflexiones. Es como cuando alguien está de cumpleaños y dice "cómo me ha ido, quién soy y qué va a cambiar de aquí en adelante". Esto tiene que ser una oportunidad, más que editar un libro o cortar una cinta. Patrimonio también es futuro.
-Parece que no será más que el reflejo de que Chile carece hoy de un proyecto país.
-Claro, no hay un proyecto. De repente la Iglesia lanza invocaciones generales o la presidenta cuando lanza frases en ese sentido: "dejemos las mezquindades, fijémonos en el país". Pero en los hechos no se ve. Nos encanta dar premios, los 100 jóvenes líderes, las 100 mujeres emprendedoras, todo mirando para atrás en vez de juntar a las personas y buscar a quienes sean capaces de construir, más allá de la esfera individual, el emprendimiento país.
-Las universidades han abandonado su rol impulsor de cambios. ¿Hay autocrítica?
-Por supuesto, se han cerrado, falta generosidad, perspectiva y proyecto. Echo de menos también la participación de las universidades. Se va a ellas a buscar un título y no ha generar ideas para nuestra sociedad. Nicanor Parra tiene razón en su artefacto que dice que la universidad otorga títulos nobiliarios. No caigo en el pesimismo pero creo que hay que decirlo. Ojalá el bicentenario tenga por lo menos un pálido reflejo de lo que estamos hablando.
-¿A un año del bicentenario, hay esperanza?
-Tengo esperanza. A los arquitectos se nos ha convocado a elegir las mejores 10 obras de los últimos 100 años. A quién se premia, ¿al presidente del Club Hípico?, porque todos están muertos. En el año que nos queda hay que seguir trabajando en lanzar ideas y hay que irse preparando para lo que pasará al día siguiente de bicentenario, porque la mayoría va a decir ¿de qué bicentenario me están hablando? Y eso ojalá provoque una convocatoria tardía a pensar en el país que estamos construyendo. Podría ser que esa noche seamos todos amigos y conversemos. Y mañana sigamos peleando. LN